Ante una rabieta no pierda la calma

 Vida  junio 25, 2016  0

Los padres esperan rabietas de los niños de 2 a 4 años de edad, pero los arranques de enojo no necesariamente se detienen después de la primera infancia. Los niños mayores a veces también tienen problemas para manejar el enojo y la frustración.

Según la psicóloga Noris Nicosia, las rabietas se pueden calificar como expresiones reactivas con las que algunos niños muestran su desacuerdo u enfado con alguna situación concreta, normalmente durante la interacción con algún adulto significante (padres, abuelos, etc.).

Las rabietas son un fenómeno normal en un determinado estadio evolutivo del niño (alrededor de los dos o tres años) y deberían ir remitiéndose a medida que el niño se hace mayor para desaparecer completamente hacia los cinco o seis años de edad, explicó.

También agregó que, sin embargo, algunos niños, con cierta edad, saben que tener rabietas supone una forma rápida y eficaz para alcanzar sus deseos o caprichos.

Los padres saben que al satisfacer al niño este se calma rápidamente y se evita el bochorno de la pataleta, especialmente si se produce en algún lugar público. Evidentemente, a la larga, este tipo de actuación por parte de los padres solo consigue perpetuar el problema.

Disciplina-sin-gritos

Pautas a seguir en caso de rabietas puntuales:

Según Nicosia, el consejo general es hacer caso omiso cuando se produce la rabieta y retirarle la atención inmediatamente. Es importante que los padres, en ese momento, no pierdan la calma y actúen con firmeza, negando el capricho o la demanda, pero a la vez sin alterarse, sin gritar ni reñir.

En caso de que los padres se crearan una recriminación mutua o con el niño a gritos, éste percibirá que en cierto modo sigue teniendo el control sobre la conducta de sus padres. Si la rabieta ha sido de cierta magnitud puede utilizarse la técnica del “tiempo fuera” en la que el niño recibe una consecuencia negativa por su acto (retirada de algún reforzador o se le aparta por un breve tiempo, por ejemplo, a su habitación).

Posteriormente, una vez calmado, se puede hablar con el niño y explicarle que por ese camino no va a conseguir nada, al tiempo que se establecen las situaciones en las que sí podrá recibir sus demandas (cuando efectúe ciertas tareas o comportamientos adecuados).

Para tener un mayor control sobre el comportamiento, es muy importante que los padres y otros familiares cercanos (abuelos, hermanos mayores, etc…) actúen de igual forma ante las demandas excesivas del niño.

La complicidad y perseverancia de los padres en su interacción con el pequeño es esencial para su control.

Fuente: elsiglo.com

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